Por Jorge Eduardo Medina Barranco
1 de septiembre de 2014,
Breña Baja, Santa Cruz de Tenerife
Entre mis lectores
he notado que a algunos les produce gran inquietud los temas relacionados con Jesús de
Nazaret, alguno de cuyos comentarios he contestado y otros no,
porque no quiero convertir mis escritos sobre el proceso de humanización en un
diálogo exclusivamente cristiano, ya que para mi ser
humano es mucho más que ser creyente, o no, de cualquier dogma de fe.
Sin embargo, dado que el cristianismo es una corriente religiosa que ha marcado
la historia de Occidente durante los dos últimos milenios, hasta tal extremo
que la historia del pensamiento occidental sería incomprensible sin el estudio
de esta influencia cristiana, voy a dedicar varios artículos del blog al tema
de Jesús
y el Cristianismo. El cristianismo es una temática inmensa, desde donde se le
mire. Yo haré unos pocos comentarios desde un punto de vista heterodoxo, que
las iglesias cristianas con sus dogmas establecidos aborrecen, sobre todo los
fanáticos que se complacen viviendo en su ignorancia intransigente.


Pero todas las
buenas obras de los cristianos y las Iglesias cristianas en este mundo nunca
podrán lavar el horror de la práctica inquisitorial aplicada y legitimada
durante más de cinco siglos, que sólo tiene parangón en la historia reciente con
el repugnante holocausto nazi que duró únicamente 4 años, y que no digo esto
para minimizar el engendro perverso de la ‘solución final’ o intento de
exterminar a la totalidad de la población judía de Europa, sino para compararlo
con los siglos de la abominable Inquisición:
si 4 años de exterminio sistemático de judíos por los nazis nos parece algo
horrible, cuanto más 500 años exterminando ‘herejes’ y a todo el que no
aceptara los dogmas impuestos desde el poder.
En la historia del
cristianismo esta inversión radical de los valores —conceptuar el bien como
«mal» y el mal como «bien»— que representa la Inquisición, dista mucho de ser única. Las Iglesias cristianas no
sólo se han mantenido al margen de las exigencias éticas de Jesús,
al que reivindican como su guía, como su dios. No sólo han ‘dulcificado’,
moderado y transformado su mensaje, sino que en ciertos puntos esenciales, y en
calidad de institución, lo han manipulado
por completo falseando su contenido. Lo han pervertido.

La conclusión de Kierkegaard
es que sólo los individuos valientes,
lúcidos, dispuestos a esforzarse consigo mismos, son capaces de llevar a la
practica el mensaje de los Evangelios, y por ello resulta no solo inútil, sino
incluso peligrosa, la pretensión de convertir a la mayoría. Dicho de otra
manera, es como si las enseñanzas de Jesús fuesen exclusivamente para pequeños
grupos de iniciados, que es lo que sostienen las corrientes esotéricas cristianas
desde hace siglos. Evidentemente, esta tesis kierkegaardiana escandalizó a las
Iglesias, pero también ha hallado un eco profundo en algunos pensadores
cristianos desde hace ciento cincuenta años.
Sin considerar ni
una sola de la escuelas de esoterismo en Occidente de los últimos 150 años,
muchas de las cuales se hicieron eco de estas ideas kierkegaardianas, ni
tampoco de las luchas fratricidas entre corrientes cristianas que se combaten
entre sí tildándose unas a otras de enseñar falsedades, en el siglo XX hubo un
filósofo, sociólogo, teólogo y anarquista cristiano francés, también surgido
del Protestantismo, quien retomó esta crítica kierkegaardiana analizando más a
fondo la manera en que se ha producido esta inversión: Jacques Ellul (Burdeos, 1912-1994).
Cristiano lúcido y comprometido, publicó en 1984 un ensayo de título sumamente
explícito: La subversión del cristianismo[6].
La pregunta que se hace Ellul, y que
es el hilo conductor de toda la obra, es tajante: « ¿Por qué el
desarrollo de la sociedad cristiana y de la Iglesia ha dado origen a una
sociedad, a una civilización, a una cultura totalmente inversas a lo que leemos
en la Biblia, al texto indiscutible de la Tora, de los profetas, de Jesús y
Pablo? ¿Me equivoco cuando digo "totalmente"? No sólo ha habido
contradicción en un único punto, sino en todos los puntos »
Según las
explicaciones de Ellul, la
institución eclesiástica subvirtió el cristianismo, volviendo la espalda al
mensaje de sus fundadores. Lo elevó al rango de religión (con sus rituales y
dogmas) y de moral (del deber y la sumisión), como tantas otras, y se dejó
corromper por el poder y el dinero en tal proporción que la novedad profunda
del mensaje de Jesucristo
cayó en el olvido e incluso se transformó en su opuesto exacto.
[1] Mateo 7: 3-5. Mateo 23. Estos versículos se refieren
a toda persona, para que miremos nuestro propio egoísmo, y los ayes de Jesús por
los escribas y fariseos debe entenderse como una aflicción por todos los que
tienen egolatría. Estos versículos hablan de la necesidad de la muerte mística.
Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Muerte_m%C3%ADstica
[2] Fiódor Mijáilovich Dostoievski (Moscú, 11 de
noviembre de 1821 - San Petersburgo, 9 de febrero de 1881) es uno de los
principales escritores de la Rusia Zarista, cuya literatura explora la
psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la
sociedad rusa del siglo XIX
[3] Filósofo
y sociólogo francés, especialista en Historia de la Religiones e investigador
en la École des Hautes Études en Sciences
Sociales.
[4] Søren Aabye Kierkegaard (Copenhague, 5 de
mayo de 1813 – 11 de noviembre de 1855) fue un prolífico filósofo y teólogo
danés del siglo XIX, que criticó con dureza el hegelianismo de su época y lo que él llamó formalidades vacías de
la Iglesia danesa.
[5] Veintiún
artículos de Kierkegaard publicados entre el 18 de diciembre de 1854 y el 26 de
mayo de 1855 en el periódico Faedrelandet,
según cita de Frédéric Lenoir.
[6] La subversion du
christianisme. París: Seuil, 1984. La subversión del
cristianismo, trad.: Manuel Mercader, Buenos Aires, Carlos Lohlé, 1990.